Quisiera que esos momentos en que te veo y tú me miras fuesen eternos, por qué no existe razón alguna para detener el tiempo y perderme en tus cálidos ojos que los miro de soslayo con miedo, miedo a enamorarme o a ilusionarme nuevamente; pero no puedo, créanme. He intentado de todo: distraerme mirando la televisión, escuchando radio, moviendo el lapicero, sacando mi celular. Ya todo es inservible. Sólo quiero seguirte observándote y sonreírte cada vez que tú me devuelves la mirada. En tus ojos veo la paz que en mi ser no existía desde tiempos atrás.
Es que es inevitablemente, casi imposible no enamorarse de ti con esa sonrisa tan coqueta y un carisma envidiable. En mis tiempos lúgubres no encontraba un sólo momento de felicidad hasta encontré en bajos actos, momentos de efímera placidez, porque es así, prefería una tranquilidad fugaz, algo instantáneo a no tener una felicidad por nunca jamás. Pero apareciste tú como un ángel Gabriel, el mismo que se apareció a María para indicarle cual era mi camino, para asignarme una misión. Surgiste y fuiste una luz en este túnel oscuro y pérfido.
Y ahora el camino tiene rumbo, pero no quiero andar ni dar el primer paso, porque no vives acá, me indicaste cual es el camino, lo sé, el camino es mejor contigo, pero tu nido no está acá, radicas a kilómetros de distancia y será otra vez algo breve y nada más.
Te veré cada mañana cada día con más ganas, perfeccionando mi mirada y apuntándola a donde más quiero yo, aunque soy consciente que eso es algo difícil apuntar a tu corazón. Te veré a lo lejos y lo lejos te amare porque así pienso que debe ser; seguiré pusilánime por fuera, pero lleno de frenesí por dentro. Ojala pudiera encontrar las llaves te tan fragante palacio que en tu ser escondes, ojala pudiera escoltar tu bella figura sobre lo que queda de la repugnante Lima, ojala pueda besarte aunque sea con la mente, sólo para imaginarme lo que seria y nada más, ojala esto sea una carta y nada más.
En pocos días arribaras a un lugar lejano donde no te veré más, se que te irás para siempre y de mi no te acuerdes tal vez jamás, ten en cuenta que tu mirada con la mía por siempre en mi subconsciente vivirán, hasta el final.
Es que es inevitablemente, casi imposible no enamorarse de ti con esa sonrisa tan coqueta y un carisma envidiable. En mis tiempos lúgubres no encontraba un sólo momento de felicidad hasta encontré en bajos actos, momentos de efímera placidez, porque es así, prefería una tranquilidad fugaz, algo instantáneo a no tener una felicidad por nunca jamás. Pero apareciste tú como un ángel Gabriel, el mismo que se apareció a María para indicarle cual era mi camino, para asignarme una misión. Surgiste y fuiste una luz en este túnel oscuro y pérfido.
Y ahora el camino tiene rumbo, pero no quiero andar ni dar el primer paso, porque no vives acá, me indicaste cual es el camino, lo sé, el camino es mejor contigo, pero tu nido no está acá, radicas a kilómetros de distancia y será otra vez algo breve y nada más.
Te veré cada mañana cada día con más ganas, perfeccionando mi mirada y apuntándola a donde más quiero yo, aunque soy consciente que eso es algo difícil apuntar a tu corazón. Te veré a lo lejos y lo lejos te amare porque así pienso que debe ser; seguiré pusilánime por fuera, pero lleno de frenesí por dentro. Ojala pudiera encontrar las llaves te tan fragante palacio que en tu ser escondes, ojala pudiera escoltar tu bella figura sobre lo que queda de la repugnante Lima, ojala pueda besarte aunque sea con la mente, sólo para imaginarme lo que seria y nada más, ojala esto sea una carta y nada más.
En pocos días arribaras a un lugar lejano donde no te veré más, se que te irás para siempre y de mi no te acuerdes tal vez jamás, ten en cuenta que tu mirada con la mía por siempre en mi subconsciente vivirán, hasta el final.


No hay comentarios:
Publicar un comentario